Skip to content

Encarta: un caso interesante

mayo 4, 2009

La reciente decisión de Microsoft de terminar con Encarta me pide escribir un poco sobre lo que considero un caso muy interesante: el de un producto que fue capaz de redefinir el funcionamiento de algo tan implantado en los usos y costumbres colectivos como una enciclopedia.

La historia tiene sus puntos irónicos: se inicia en los años ‘80 con la visita de Microsoft al líder de mercado histórico, Enciclopædia Britannica, con el fin de solicitar una licencia de sus contenidos para soporte CD-ROM. La respuesta de la compañía que había liderado el mercado mundial de enciclopedias a lo largo de los últimos doscientos años fue clara y contundente: NO. A los ojos de Britannica, la idea de digitalizar contenidos y ponerlos en CD-ROM sonaba a auténtica blasfemia. Ante la negativa, Microsoft se dedicó a buscar otros candidatos. Lo encontró en la pequeña enciclopedia Funk-Wagnalls, propiedad del Reader’s Digest: una enciclopedia que se vendía en supermercados. Tras licenciar de forma no exclusiva sus contenidos, Microsoft se planteó el reto de convertir aquella modesta enciclopedia en un producto diferente: adquirió a McMillan otras dos enciclopedias, la Collier’s y la New Merit Scholar, y llevó a cabo un importantísimo trabajo de documentación y enriquecimiento: el producto final fue un CD-ROM con unos treinta mil artículos, en el que bastaba con empezar a teclear una palabra para obtener sugerencias, y en el que una búsqueda llevaba a un conjunto de contenidos entre los que frecuentemente se hallaban fotografías, ilustraciones, mapas, diagramas, vídeos o infografías. Como enciclopedia, no podía compararse con Britannica en términos de calidad, pero había logrado algo importantísimo: cambiar los atributos percibidos y preferidos por el usuario. Mientras una búsqueda en Britannica suponía recorrer un montón de palabras sin sentido escritas en los lomos de los libros, pasar páginas hasta localizar la definición, y encontrarse finalmente con un texto y, con mucha suerte, con una única ilustración; la búsqueda en Encarta era una experiencia sencilla, cómoda, entretenida y que ofrecía una amplia gama de contenidos de todo tipo. Encarta, con un precio de $60, había desbancado a todo un líder histórico de mercado, perplejo al ver que algo que a sus ojos no era una enciclopedia (y de serlo, era muy mala), llevaba prácticamente a la quiebra a su respetadísimo producto estrella. El análisis de la compañíafue atribuir la popularidad de Encarta a su bajo precio, despreciarla, e intentar remarcar sus atributos de calidad. Pero no funcionó. El precio era únicamente uno de los atributos, y no el más importante a la hora de decidirse por una enciclopedia. En 1996, la compañía fue malvendida muy por debajo de su precio de mercado debido a sus dificultades financieras, y a pesar de la enorme popularidad de la marca, ha seguido una estrategia errática y poco brillante desde entonces.

Las sucesivas ediciones de Encarta fueron creciendo en popularidad y calidad, incorporando contenido y convirtiéndose en una línea de negocio interesante. Sin embargo, la llegada de Wikipedia en 2001 y su fortísimo crecimiento posterior en visitas y en número de artículos hicieron que Microsoft tuviese que tomar medidas drásticas: casi al mismo ritmo que Wikipedia crecía, Encarta disminuía sus ventas. El reforzamiento de los contenidos de la web, los sucesivos recortes de precio – llegó a costar $29.95 en su última época – y su constante inclusión en ofertas con otros productos no lograron salvar la marca: de nuevo, como había ocurrido en el caso de Britannica, se interpretaba la gratuidad de Wikipedia como la fuente de su popularidad, cuando la realidad era diferente: el concepto de enciclopedia había vuelto a cambiar. Intentando enderezar la marcha de su producto, Microsoft llegó al punto, en Abril de 2005, de solicitar la colaboración de sus usuarios para actualizar y completar sus definiciones. Sin embargo, el sistema nunca funcionó: con el Encarta Feedback System, Microsoft imponía una supervisión editorial a las sugerencias de los usuarios para diferenciarse de aquellas “open-content encyclopedias” etiquetadas como poco fiables. Los usuarios se veían trabajando gratis para una Microsoft que, además, no tenía porqué hacer el menor caso a sus sugerencias. Ante el no funcionamiento del sistema, Encarta siguió languideciendo: en su última edición, sus sesenta y cinco mil artículos no eran nada comparados con los más de 2.7 millones de la Wikipedia. Al final, Microsoft se ha dado cuenta del cambio de concepto, y ha decidido dar carpetazo al proyecto anunciando su cierre. ¿El mejor epitafio para el mismo? A las pocas horas, la noticia del cierre aparecía ya en la definición de Encarta… en Wikipedia.

¿Cuál sería el mejor final para la más exitosa enciclopedia en CD-ROM de la historia, obviamente imposible? Que Microsoft decidiese, ante el cierre de la iniciativa, donar su base de contenidos con todos sus derechos liberados a la Wikipedia.

Anuncios
No comments yet

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: